Cómo vivir el presente y dejar de vivir en la cabeza
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Buena parte de la vida nos la perdemos: el cuerpo está acá, pero la mente está repasando el pasado o ensayando el futuro. Vivir el presente no es una frase de taza: es donde, casi siempre, las cosas en realidad están bien.
Por qué la mente se va
La mente está diseñada para anticipar y recordar; es útil para resolver problemas. El problema es cuando no para: rumia el pasado (culpa, nostalgia) o proyecta el futuro (ansiedad, expectativa) sin descanso.
Date cuenta de algo: el miedo y la ansiedad casi siempre viven en el futuro; la culpa y la tristeza, en el pasado. En el presente puro —este segundo— rara vez hay una emergencia real.
Volver por los sentidos
No se vuelve al presente pensando «tengo que estar presente» (eso es más pensamiento). Se vuelve por el cuerpo y los sentidos: lo que ves, lo que oís, el aire que entra y sale, el peso de tus pies en el piso.
Los sentidos solo funcionan en tiempo real. Por eso, llevar la atención a una sensación concreta es la puerta más rápida al ahora. La respiración es la más práctica porque siempre la tenés con vos.
Una práctica de un minuto
Pará lo que estés haciendo. Notá tres cosas que ves, tres que oís, y una respiración entera, de principio a fin, sin cambiarla. Eso es todo. Acabás de volver.
Repetilo varias veces al día, en momentos comunes (un semáforo, antes de un mensaje, al lavar los platos). No buscás un estado especial; entrenás el gesto de volver. Esa es la vida que estabas perdiéndote.
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