Blog

Cómo soltar expectativas sin dejar de desear

4 min de lectura

«No esperes nada y no te decepcionarás» es un mal consejo: vivir sin desear es vivir apagado. El problema no es desear, sino exigir que lo que pase coincida con la película que armaste en la cabeza. Ahí se puede soltar sin perder las ganas.

Deseo y expectativa no son lo mismo

El deseo es abierto: «me encantaría que esto salga bien». La expectativa es cerrada: «esto tiene que salir exactamente así». El deseo te mueve; la expectativa te tensa, porque ya decidiste cómo debe ser la realidad y ahora vas a pelearte con ella si no obedece.

Cuanto más detallada es la expectativa, más frágil te volvés. Casi nunca la vida sigue el guión exacto, y cada desvío se siente como un fracaso aunque el resultado sea bueno.

Soltar el guión, no el rumbo

Soltar expectativas es quedarte con la dirección y soltar el detalle. Querés una buena conversación: sostené eso, pero soltá la idea de qué tiene que decir exactamente el otro. Querés avanzar en un proyecto: mantené el rumbo, pero soltá el cómo y el cuándo exactos.

Una pregunta que ayuda: «¿Qué necesito de verdad acá, y qué es solo la forma exacta que imaginé?». Casi siempre lo esencial se puede conseguir de muchas maneras; era el guión el que te apretaba.

Lo que aparece cuando soltás

Sin el peso de la expectativa, empezás a ver lo que sí está pasando, en vez de lamentar lo que no salió como en tu cabeza. Muchas veces la realidad trae algo distinto y mejor de lo que habías planeado, pero solo lo notás cuando dejás de comparar todo con tu versión ideal.

Soltar expectativas no es resignarte: es dejar lugar para que la vida te sorprenda.

¿Querés llevarlo a la práctica?

Hablá con Lucidez, tu guía para desenredar lo que sentís paso a paso. La primera sesión es gratis.

Probar Lucidez gratis